viernes, 1 de noviembre de 2013

Feliz.

¿Eres feliz?


La pregunta del millón, la madre de todas las preguntas, la pregunta suprema… y muchas más descripciones se podrían decir de esta sencilla pregunta, pero muy compleja de responder. Demasiados factores a tener en cuenta, quizá eso lo que nos haga dudar más.

Se puede ser feliz en muchos aspectos de la vida y, a la vez, estar triste en otros. Feliz con unas cosas y huérfana de otras, una de cal y otra de arena.

Hacía mucho tiempo que no me hacía esta pregunta. Normalmente solía decir que sí, que era feliz, pero simplemente respondía que sí porque lo era en determinadas cosas que tenía en mi vida, no en todas.

El estar lejos de mi familia, de las cuatro personas más importantes de mi vida, me ha hecho ser más fuerte, aprender a valerme por mí misma y a aceptar las consecuencias que tienen cada una de mis decisiones. La distancia me ha hecho ver que cada una de las discusiones que teníamos eran simples correcciones a cosas que hacía mal; que cada una de las veces que llegaba uno de ellos a casa con una sonrisa después de estar toda la mañana fuera, esa sonrisa se contagiaba. Durante un tiempo, me hicieron coger la rutina de ir cada puente a Toledo, a verles felices porque había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habíamos estado todos juntos. Ellos me han hecho aprender a valorar cada minuto, cada segundo que pasamos juntos, que no sabes lo que te puede pasar en el siguiente; a valorar cada minuto que vivo, que no sé cuándo acabará mi vida. Me han hecho ver que a través de un teléfono se puede saber el estado de ánimo que tienen, que tengo, y que están más cerca de lo que pienso. Ellos son los que me han hecho ser como soy, los que me han enseñado a ser fuerte a pesar de todas las cosas malas que me puedan ocurrir, a seguir para adelante aunque las cosas se tuerzan, a sonreírle a la vida aunque ella no me sonría, a tratar a todo el mundo por igual, sin distinciones, a ser paciente con cosas que requieren calma. Me han enseñado tantas cosas que se me olvidan de ponerlas aquí, pero que las sigo al pie de la letra. Gracias a ellos he aprendido a valorar todo lo que tengo y a saber que con poco, se tiene mucho, que muchas cosas son innecesarias y que trabajar es el único medio para acabar triunfando. Que si no lucho, luego no les vaya llorando, que los caminos de rosas no existen. Me han enseñado a echar de menos demasiadas veces. Tantas cosas de las que no me he dado cuenta…

El cambio a la universidad fue duro, quizá más por las circunstancias que en ese momento estaban ocurriendo en otro lugar que por el simple hecho de irme de mi casa de toda la vida a otro lugar en el que no conocía a nadie. Pero aquí estoy. Me he encontrado con personas que simplemente existen, con personas que pareces que conoces y que luego te dan la espalda, con personas que conoces, con personas que conoces y que te apoyan, con personas en las que confiar y confío y con personas en las que confiaba. De todo, nada fuera de lo normal. Cuando empiezas una nueva etapa de tu vida a la vez que otras personas todo es más fácil, más sencillo, y si además comparten tu carrera, más aún. Desde el “buenos días” hasta el “¿no tendrás el cuaderno de prácticas de atletismo?”, todo fue importante. Levantarte por la mañana y cruzarte con tantas personas en el pasillo del mejor buen humor que es posible por la mañana te hace empezar el día de otra manera. Llegar a clase y hablar de que si salimos a tomar algo por ahí o de que tal tema es complicado te hace entrar en una rutina especialmente agradable, no digamos si es el primer año. Por todo eso, este segundo curso, este segundo año, está siendo así de agradable, con un buenrollismo que muchos quisieran y de seguir hablando, quedando, con los que el año pasado fueron mis compañeros de residencia, dispuestos a hacer casi cualquier cosa por mí. Y eso se agradece. Sobra decir de la gente de mi clase, de mis pequeñas piezas que componen mi mundo inefto, siempre dispuestos a echarme una mano con lo que sea. Todo lo que ocurrió el año pasado con toda la gente que conocí fue importante para aprender a tratar a gente nueva, a confiar en unos y otros y tantas y tantas cosas más.

Quizá algo que eché de menos el año pasado fue el fútbol sala, que no había dejado de practicar de forma continua desde que empecé con tres o cuatro añines. La sensación de equipo la había perdido casi por completo y este año la he recuperado, jugando a un nivel mayor de lo que lo había hecho antes, con más exigencia en todos los aspectos, pero con una satisfacción que antes no había experimentado. El tener unos días para ir a entrenar y otro para jugar, ya sea aquí en León o en la Conchinchina, me ha hecho tener una rutina (otra más) de la que si me salgo me pierdo. Cada uno de los miembros del equipo me hace estar bien, me hace sentir en familia y me hace exigirme cada día un poco más que el anterior. Compañerismo, solidaridad, familia. Eso es lo que me aporta el pertenecer a este equipo.

No me olvido, por supuesto, de todos aquellos componentes de mi peña, de las personas de mi Barruecopardo querido, que cada vez que vuelvo parece que era ayer cuando los vi por última vez y habían pasado semanas, o incluso algún mes. Sé con quién puedo contar y ellos saben que conmigo, sé en quién puedo confiar y ellos saben que en mí. Ellos también me han hecho aprender muchas cosas, desde jugar al futbolín al valor de una pulsera, desde bailar la bandera a acostumbrarme a ir a la piscina día sí y día también. Me han enseñado lo que es una amistad duradera.

Con todo esto, con cada uno de estos párrafos, con cada una de estas frases, con cada una de estas palabras, sé que ahora sí que puedo responder a la pregunta. Se me olvidarán muchas cosas, casi seguro, pero creo que las más importantes están ya plasmadas.



Hoy puedo decir que sí, que SOY FELIZ.

domingo, 27 de octubre de 2013

Trepalio FSF.

A veces me pregunto qué es lo que busca la gente cuando practica deporte, desde el cada vez más famoso “footing” hasta el partido de fútbol con los amigos de cada domingo. ¿Puede ser cuestión de modas o, quizá, es simplemente por las tapas de después con los amigos? Se podrían encontrar decenas de razones.

Pero, ¿y las personas que se comprometen con un equipo? ¿Buscan conocer gente, aprender a jugar mejor a ese determinado deporte? Esa sensación de compartir una pasión, como es el fútbol sala, esa sensación de compañerismo que acabas alcanzando, esa confianza en saber que el resto del equipo cuenta contigo, que todos necesitan de todos. Eso es lo que se busca, o al menos eso es lo que pienso.

Fútbol sala. Trobajo del Camino. Trepalio FSF. Nuevo proyecto, nuevas ilusiones. Se podría decir que llegué a este equipo casi de rebote y, en apenas un mes, parece que llevo toda la vida con ellos, con ellas. Cada entrenamiento me hace darme cuenta de que trabajamos en la buena dirección, que los progresos son notables, que cada gota de sudor sirve para mejorar como equipo. Sí, como equipo, todas juntas remando en el mismo sentido.

Un equipo de fútbol sala, y en general de cualquier deporte, lo forman personas. Cada una de ellas cuenta para que el todo funcione y, aunque parezca mentira, cuando una falla, el equipo no funciona. Todos los jugadores tienen que tirar del carro para moverlo, para que camine, para que ande. Parece sencillo, con un pequeño esfuerzo de cada una de nosotras podemos hacer que el equipo funcione. Parece. Ese pequeño esfuerzo es el que tenemos que demostrar en cada partido, en cada minuto, en cada acción de juego, y eso solamente lo conseguiremos con actitud, con rabia, con ganas de ganar, con ambición.

¿Qué es de un equipo de fútbol sala sin una pizca de anhelo por ganar, por hacerlo bien? ¿Qué es si no nos dejamos el alma en el campo hasta quedar exhaustas? Es hora de llevar los entrenamientos a los partidos; es hora de llevar la rabia de perder al campo y transformarla en actitud; es hora de centrarnos en lo que pasa en el campo, de olvidarnos de lo que pase fuera de él; es hora de sacar lo mejor que tenemos cada una y de plasmarlo en el partido.

Es hora de saber que tenemos a un equipo técnico que nos anima e instruye para que  pongamos lo aprendido sobre el campo; es hora de aprender de las demás; es hora de corregir los errores individuales para causar el menor daño al conjunto.

Es hora de demostrar que este proyecto merece la pena; es hora de agradecer a todas las personas que hicieron posible la creación de nuestro equipo mediante una victoria; es hora de demostrarle al resto del mundo que sabemos perder, pero también ganar.

Es hora de TREPALIO FSF. La base ya la tenemos, jugadoras excelentes, con ganas de aprender, con ganas de jugar. Ahora es cuando tenemos que ponerle actitud, de salir a morir por la camiseta que defendemos. Todo ese buen rollo que tenemos en el vestuario hay que buscarlo también en el campo, animándonos y apoyándonos unas a otras, sin que nadie pueda meterse en medio.



Passing, perfection, passion, possession, fair play and team


Trepalio FSF.

sábado, 12 de octubre de 2013

Siempre aquí, conmigo.

“No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. ¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase? Cientos, quizá miles, de veces, pero siempre la oímos cuando aquello que queríamos, aquella persona, ya se ha marchado.

Entonces nos lamentamos de la cantidad de cosas que podríamos haber hecho con esa persona, la de risas que te podrías haber echado, los buenos momentos que quizás hubieses tenido, las fotos que te hubieras sacado para recordar aquel momento…

No damos la importancia que merecen a aquellos que nos rodean, hasta que un día se van, sin avisar, sin regresar nunca. A veces marchan porque quieren, porque no aguantan el estar a tu lado. Otras, sin embargo, se van sin querer y dejan un vacío tan, tan grande, que no merece la pena siquiera intentar buscar a alguien que le supla.

Cuando alguien se va de tu lado sin quererlo, el dolor que deja su marcha es indescriptible. Quizá con el paso del tiempo pueda llegar a curarse esa herida, quizá pueda cicatrizar, pero el tiempo que tarda en hacerlo es siempre demasiado largo. Unos refugian su dolor intentando no ver fotos ni vídeos ni escuchando alguna grabación de voz que pueda haber guardada. La sola “presencia” de esa persona es de un nivel tan doloroso que el simple hecho de “verla” te hace caer al suelo, te impide estar de pie.

Otros hacen de esas fotografías, de esos vídeos, de esas grabaciones, su bandera y se apoyan en ellas para continuar hacia delante, para saber seguir el camino sin esa persona. ¿Qué se les pasa por la cabeza para pensar eso? Cada uno tiene su propia respuesta, aunque pongo la mano en el fuego a que la mayoría de las respuestas coincidirían en una sola: “mientras alguien le recuerde siempre seguirá aquí con nosotros, y si ese alguien soy yo, siempre me acordaré de él/ella”.


No me preguntes cómo, pero sé que siempre estás aquí, conmigo. Cada día 12 te echo de menos y daría todo lo que fuera por volverte a dar un abrazo, con un solo abrazo más me basta.


“No necesito verte para saber que estás conmigo”.
“No necesito verte para saber que no te olvidaré”